FORMMA: MANOS CREADORAS

En el semisótano, MANOS CREADORAS, encontramos un primer panel dedicado a la extracción y manipulación del barro, donde con el títu­lo del polvo al barro, se habla de extraer el barro, de secar y desmenuzar, depurar y pisar y sobar. Igualmente se incluyen las herramientas comunes de este proceso: serón, garrucha, sera,… e igualmente una muestra de los tres tipos de tierra para cacharros de la región: barros calcáreos, para cacharros de agua, barros ocres para cacharros de fuego y barros silíceos para cacharros de fuego y de agua.

Un segundo panel con el título arquitectura en barro, se señala la importancia del uso del barro en la arquitectura manchega como material de construcción tanto en obra cruda (adobes y tapiales) como en obra co­cida (tejas, baldosas y ladrillos). Destaca el que se ha hayan incluido fotos de época donde se muestra la elaboración de la obra cruda, e igualmente, con fotos secuenciadas, la fabricación de tejas en Villafranca, así como los instrumentos necesarios para ello: estancia, galápago, gradilla, marcos para baldosas y ladrillos…

Un tercer y cuarto panel se dedica a técnicas, donde se señala que La Mancha es la única comarca de la Península Ibérica donde encontra­mos las tres técnicas básicas en el modelado alfarero, junto a la expli­cación de cada técnica, que explicamos, se recoge una foto de época, explicativa, así como instrumentos y piezas antiguas producidas con cada uno de estas técnicas.

Un quinto panel está dedicado a la cochura, donde se habla de la técnica y el rito. E igualmente se habla de los dos tipos de hornos, hornos cubiertos y hornos descubiertos. Finalmente en el epígrafe cuando algo sale mal, se incluyen distintas técnicas usadas por los alfareros para re­parar las piezas que salían deterioradas del horno.
El sexto y séptimo panel está dedicado la venta y reparación de los cacharros. Respecto de la venta, se habla de la figura de los revendedores que eran intermediarios, de los propios alfareros que también se dedica­ban a la venta, y también a la figura de los traperos, que aprovechaban la oportunidad de que los alfareros profesionales pudiesen llegar a todos los puntos, para cambiar cacharros por pieles, trapos, suelas de alpargatas y otros objetos usados que luego revendían para su reciclaje. Igualmen­te se habla de un curioso personaje de la sociedad rural manchega, el lañaor, el cual se justificaba porque cuando los cacharros sufrían rotura se guardaban para ser reparados por este profesional, que con un trom­pillo manual hacía agujeros a cada lado de la grieta y le aplicaban lañas de hierro, cubriendo las grietas con cal, de modo que el cacharro podría seguir usándose.

Finalmente, al fondo del semisótano está la sala de audiovisuales, donde se proyecta un video de unos 5 minutos sobre la alfarería manche­ga, un interesante documento que muestra el lado humano (artesanos) del barro manchego, así como folklórico y productivo.