Moler el Grano

En Alcázar existen diferentes vestigios que atestiguan la utilización de distintos sistemas de molienda desde épocas remotas.

En los yacimientos arqueológicos de la calle Gracia se ha encontrado un taller para producir aceite de oliva, denominado Torcularium, que fue una de las principales actividades de la villae romana. En este taller se encuentra los restos de un molino de mano con piedra porosa usada para romper las aceitunas.

Dicha piedra porosa se desmontó en época visigoda y fue sustituida por una piedra dura de tipo granítico para moler trigo

Pero el hombre manchego aprendió a utilizar otras fuentes de energía, más allá de la fuerza de sus manos. Pronto supo que el agua era una de las más apreciadas. Los molinos de agua -asentados junto a ríos y canales- se convirtieron en una ayuda importante.

Hacia el siglo XVI, el interior de la península sufre una sequía devastadora que obliga a la búsqueda de otras fuentes de energía. Es entonces cuando aparece en nuestros paisajes el molino de viento.

Tiene un origen incierto. Los últimos cruzados que regresan de Tierra Santa y la llegada de la Orden de Malta a España se consideran hoy los posibles emisarios de una nueva construcción que, aprovechando la fuerza del viento, era capaz de poner en funcionamiento toda una maquinaria destinada a moler el grano.  

El último molino de viento de la ciudad dejó su trabajo en 1.939. La energía eléctrica en las fábricas harineras, más eficientes, acabaron con este sistema de molienda.